Una mina devuelve a un humilde poblado la oportunidad de soñar

Santos Vela es una de las encargadas de atender la cafetería del campamento de Lagunas Norte. Ella tiene 18 años y vive en El Sauco, un poblado situado a pocos kilómetros de la mina. Hasta hace muy poco, los habitantes de ese pueblo no tenían otra forma de ganarse la vida que cultivando papa y si no fuera por la llegada de la mina, hoy ella estaría trabajando en la chacra de sus padres, sin ninguna esperanza de mejora.
Pero un buen día la providencia se compadeció de El Sauco y quiso que una compañía minera encontrase un rico yacimiento de oro muy cerca de sus casas, en el distrito de Quiruvilca. Desde ese día, la mayoría -por no decir todos- los habitantes de esa comunidad campesina trabajan en la mina y por primera vez en sus vidas tienen la oportunidad de soñar con un futuro diferente para sus hijos.
“Tengo un mes aquí y estoy ahorrando porque más adelante pienso estudiar alguna profesión”, dice Santos mientras lava la vajilla.
Muy cerca de ella, su tía Graciela Bobadilla calienta el agua para servirle café a los visitantes que acaban de llegar.
Graciela es madre soltera y desde que consiguió el trabajo en la mina, se ha propuesto darle a su hija los estudios a los que ella nunca pudo aspirar.
“Es algo que yo ni soñaba. Nunca imaginé que algún día podría darle a mi hija los estudios que yo no tuve. Se llama Araceli, tiene 16 años y está en cuarto de media. Todavía no lo tiene claro, pero quiere ser ingeniera para trabajar en la mina. Esa es mi meta”, dice sonriente.
La cafetería es pequeña y esta mañana ha quedado más chica que de costumbre porque un grupo de empresarios acaba de llegar al campamento para visitar sus instalaciones y mientras pasan el chequeo médico de rigor, algunos beben anís o café. Así que Santos y su tía tienen que emplearse a fondo para contentar a todos, además de responder las inquietudes de este preguntón.
La delegación que ha alterado la habitual tranquilidad del campamento está integrada por un selecto grupo de empresarios trujillanos y limeños que integran el comité Pro Región La Libertad.
El comité se formó a iniciativa del congresista Luis Santa María para realizar acciones conjuntas que ayuden a superar problemas comunes tanto en infraestructura, servicios públicos, seguridad, educación y salud, como los relativos a barreras políticas y económicas que afecten la competitividad de las empresas de la región.
Los cerca de 40 empresarios que integran el comité se reúnen cada cierto tiempo para discutir sobre algún tema en particular con la peculiaridad de que cada encuentro es precedido por la visita a una empresa importante de La Libertad. En esta oportunidad, el anfitrión es Barrick Misquichilca, la minera canadiense que explota el yacimiento Lagunas Norte, hoy por hoy, el proyecto más importante de la región.
TODOS SANOS Y SALVOS
Los invitados partieron en bus a las 8:30 de la mañana desde el aeropuerto de Huanchaco y llegaron al proyecto cerca de la 1 de la tarde. Antes de recorrer las instalaciones de la mina, recibieron una charla de inducción en el denominado Salón de la Amistad, donde cada asiento los esperaba con un casco, unas gafas de plástico y un chaleco luminoso.
Maribel Sánchez, ingeniera de seguridad, expuso las políticas de seguridad de la empresa, que se resumen en una sola frase: “Todos de vuelta a casa sanos y salvos todos los días”.
Luego de pasar por un control de la presión arterial y cantidad de oxígeno en la sangre -el chequeo es indispensable porque la mina se encuentra a 4.000 metros de altura-, los empresarios volvieron a subir el bus, esta vez para ser trasladados a un mirador desde el cual se puede observar la mayor parte de operaciones de la mina, desde el traslado del material en unos gigantescos camiones -cada uno pesa 190 toneladas- hasta el proceso de lixiviación.
La compañía ha puesto en marcha todo un programa de preservación del medio ambiente que incluye un programa de cierre ordenado de la mina cuando sus reservas probadas de 9 millones de onzas se agoten dentro de 10 años.
“Queremos dejar este lugar igual o mejor de como lo hemos encontrado”, afirma Sánchez.
Para demostrar que lo que dicen no es cuento y generar confianza en las poblaciones vecinas, la compañía cría truchas, vacas y alpacas en terrenos situados muy cerca de la mina. “Ese es el patómetro”, señaló Edwin Zegarra, supervisor de medio ambiente de la mina, cuando el bus pasó cerca de una apacible laguna donde unos patos nadaban tranquilamente.
El ilustrativo paseo concluyó con un almuerzo de trabajo en el campamento El Sauco, llamado así por su cercanía al pueblo de Santos, donde los empresarios recibieron charlas sobre los problemas energéticos de la región, la adecuación de la formación profesional a la demanda de empleo y el repoblamiento de alpacas en La Libertad.
“Queremos colaborar con el desarrollo de La Libertad y para eso estamos visitando distintas empresas que generan actividad económica en la zona para empaparnos bien de los problemas y poder dar sugerencias”, explicó el presidente del comité, Roque Benavides.
“Se habla mucho de que la minería contamina y acabamos de ver que eso no es cierto sino todo lo contrario. Está generando beneficios económicos para toda la región”, añadió. Santos y su tía Graciela, como los 300 comuneros que trabajan en Lagunas Norte, pueden dar fe de eso.
13/01/2006
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